Cuentos Halloween

La Maldición

La Maldición
 
 
Hoy relataré una pequeña historia que llegó a mi a través de la señora ...
 
Cuentan que por las noches, cuando estas están despejadas, se pueden ver todas las luces del cielo, pero también los oscuros espacios entre ellas.
 
Esto sucedió en algún campo cercano, hace tantos años, que sólo se recuerda el hecho - sólo si alguien se atreve a recordarlo - .
 
Don tomás era un hombre de ciudad. Llegó desde la capital con el fin de hacerse cargo de un campo que le fue heredado por un anciano tío. Su llegada era esperada con impaciencia por los peones y la gente del lugar, todos querían saber si la astilla era igual que el viejo y temido palo.
 
El campo de su heredad era el más rico de la región, el verdor de sus praderas contrastaba con las agrestes tierras vecinas; el agua fluía de la tierra como la luz del sol nos llega cada día; Gramíneas, verduras, flores y frutales no tenían comparación, ni en tamaño ni en sabor. Para don Tomás era un lugar bendecido... eso creía él.
 
La antigua casa patronal se encontraba en la cima de la única colina que poseía el fundo, desde los jardines que la rodeaban se dominaba toda la extensa propiedad, excepto aquel pequeño ojo de agua a la salida del bosque...
 
 La casa, a pesar de sus años, aún mantenía el esplendor de sus inicios. Sus tres pisos lucían imponentes. Sus grandes ventanales conformados por una infinidad de cuadrículas de vidrio reflejaban la luz del sol casi a toda hora; la gran puerta de acceso, de doble hoja, completamente labrada le daba un toque señorial; sus manzardas parecían subrayar el cielo infinito. Poseía un gran salón y en el lado sur de él una chimenea de piedra y madera exquisitamente tallada, flanqueada en toda su altura por dos grandes troncos de roble también tallados; una gran mesa de palo de rosa, una obra de arte de ebanistería, rodeada por 26 sillas tan finamente decoradas como ella y en el centro del salón una gran lampara con cientos de lagrimas de cristal de distintos tamaños. Sobre la chimenea había una gran colección de botones militares, medallas y monedas, don Tomás no sabía que su benefactor se inclinara por la numismática.
 
En realidad él no sabía nada de su tío. Don Baltazar García Ordoñez llegó a ... siendo muy joven y pusose inmediatamente al servicio del hacendado Blas Munro. Al poco tiempo debido a su carácter y conocimientos - pues leía, escribía y sabía de números - se transformó en hombre de confianza de su patrón. Se hizo cargo de la contabilidad, de la producción. Desde su llegada, las ganancias de don Blas aumentaron extraordinariamente, lo que le valió el respeto de él y la envidia de capataces y peones. Su cercanía a la familia del patrón lo hizo conocer el amor...
 
 Lo encontró en Dorotea la hija menor de don Blas. La relación se inició a hurtadillas y creció en discretos encuentros por el campo, el amor de los dos jovenes era secreto a voces entre los empleados y tema recurrente entre los locales. Un día cuando los amantes se encontraban en el ojo de agua, a la salida del bosque, los hermanos de Dorotea - informados por algún peón envidioso - encontraron a la pareja y fustigaron brutalmente al joven administrador. Medio muerto, Baltazar fue llevado a la casa patronal en donde fue despedido.
 
Pasaron los meses y nadie sabía del paradero del otrora hombre de confianza de Blas Munro, muchos lo daban por muerto, otros en tanto lo hacían dueño de una fortuna surgida de la nada. Al año exacto del brutal ataque, los viles perpetradores - tras una ingesta excesiva de alcohol - cayeron en el ojo de agua y murieron ahogados; este fue el comienzo de la decadencia de Munro...
 
 Los cultivos se secaron, lo animales enfermaron extrañamente y poco a poco el suelo se tornó agreste. Quien fuera el más rico terrateniente de la zona se vio obligado a poner en venta sus tierras, pero a esa altura ya todos pensaban que estas estaban malditas y no hubo oferentes. Nadie las compró. Al año de la muerte de los hermanos Munro llegó a la antigua casa patronal un mensajero que traía una carta para don Blas, la carta ofrecía la compra del terreno.....
 
 
 
Carlos René
 
 

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