Otros cuentos de terror para Halloween

Otros cuentos de terror para halloween

06.10.2013 20:47

 

El pacto

 

Me desperté del susto con litros de sudor frío recorriéndome el cuerpo...
¿Qué había sido eso? ¿Cómo un sueño tan agradable se podía haber convertido en tan horrible pesadilla? Me levanté y antes de salir por la puerta eché un vistazo a mis dos hermanas pequeñas que dormían plácidamente en sus camas.
Salí de la habitación y me dirigí a la cocina. Todavía estaba sudando. Entré en la cocina, encendí la luz y me fui derecho a la nevera. Saqué un cartón de leche y me puse a beberlo sin siquiera sacar un vaso. Cuando bajé la cabeza me encontré de golpe con mi hermana Sara, la más peque de la familia, que me miró con ojos desorbitados y me dijo:
- Hay un monstruo debajo de la ventana. Ven y dile que se vaya, Marcos, tengo miedo.
-¿Así que hay un monstruo?-dije yo con ironía-.¿Y es muy grande?
-¡¡No te burles Marcos, es verdad!!-dijo Fátima desde la puerta-. Y como no están papá ni mamá tendrás que protegernos tú.
-¿Yo? Yo no soy lo demasiado fuerte. ¿Y si me come a mí?
-¡Si que eres lo suficientemente fuerte! ¡Vamos Marcos! Yo soy mayor que Sara y ya se diferenciar entre la realidad y la fantasía. ¡Ya tengo diez años!
-¡Oh, perdona! A ver... Vamos a ver ese monstruo...
Cuando entré en la habitación me acojoné realmente... La ventana estaba abierta, las cortinas roídas y había sangre en el suelo. Mis hermanas iban a gritar pero les tapé la boca, agarré el móvil y a mis hermanas y las arrastré hasta el cuarto de la lavadora. Cerré la puerta con llave después de inspeccionar cada esquina de la habitación y acomodé a mis hermanas en el suelo junto a mí.
-¿Qué pasa Marcos...?-me dijo Sara.
-Shhhhh....-dije mientras marcaba el número en el móvil-...¡Papá! ¡Papá! Hay alguien en la casa!...No papá no es broma te lo juro. La ventana de nuestra habitación estaba abierta y.... ¡No! ¡Yo no la abrí!....Pero en serio que hay alguien, papá....!.... Muy bien llamaré a la poli...está bien, ustedes ya vienen para acá...Bien, adiós.
-Mar-marquitos... ¡Marcos!- me dijo Sara.
-¡¡Shhhh...!! Ahora no Sara. Estoy llamando a la poli a ver si ellos nos sacan de aquí y pillan el que ha entrado.
-Pero, Marcos... ¡Mira!
-¿Qué?-dije alzando la vista................................................


Los señores Gutiérrez apuraron el paso. Acababan de recibir una llamada de su hijo
mayor diciendo que alguien había entrado en casa. Al llegar encontraron un grupo de vecinos y a la policía delante de ella. Los señores Gutiérrez corrieron hacia los agentes; esperaban lo peor. El jefe de policía se acercó a ellos tristemente y mirándolos dijo:
-Lo siento...No llegamos a tiempo...La vecina oyó gritos y nos llamó. Ese hombre...ha matado...bueno, eso creemos, por las manchas de sangre que dejó...ha matado a sus dos hijos mayores, la pequeña se salvó por pelos...
-¡Mami!¡Papi!-dijo la niña corriendo hacia sus padres. Se abrazaron.
-Sara... Mi niña. ¿Qué ha pasado?
-¡Mami!- dijo entre lágrimas-. Ese señor malo... ese señor malo se llevó a Fati y a Marcos. Y luego me quiso comer, mami, pero la abuela no le dejo, mami.  -¿L-la a-b-buela?
-Si. La abuelita vino para protegerme y llevarse a Marcos y Sara al cielo. Estaba muy enfadada con el señor malo... Le dijo:”¡¡Para maldito!!

Una niebla empezó a rodear la casa... La señora Gutiérrez se quedó sola en medio de la nada....Y se despertó. Sola. Sola, en su cuarto. Sola, débil y envejecida.
Pensando en sus niños muertos..en su marido... en su madre... todo por aquel pacto con aquel extraño ser........

 

LA MUÑECA

 

Comenzaré diciendo que tengo 28 años, soy profesionista, vengo de una familia muy católica y esto que les platicaré, aún después del tiempo que ha transcurrido, Lo recuerdo y me atemoriza, pues no logro encontrar ninguna explicación.

Una amiga y yo nos fuimos a vivir al D.F. en México. Como ambas somos de provincia y nuestros trabajos se encuentran allá, evidentemente teníamos que rentar un lugar para vivir. En 1997 nos mudamos a un edificio de construcción algo antigua, los departamentos eran de techos muy altos y el piso era de madera; al poco tiempo de llegar ahí, comenzamos a ver a un niño de cuatro años aproximadamente que nos observaba desde el pasillo y cuando lo mirábamos nosotras corría hacia una de las recamaras que teníamos desocupadas, ahí solo habían libros y objetos que no usábamos. Nosotras al principio sentíamos temor, pero poco a poco nos acostumbramos a verlo; en las mañanas poníamos a funcionar el calentador para podernos bañar, pero como tardaba en calentarse el agua (30 minutos) nos dormíamos un rato más; es importante comentar que era peligroso dejar que se sobrecalentara; entonces cuando pasaba el tiempo justo para que estuviera listo, el niño nos despertaba, así fue que comenzamos a darnos cuenta de que nos cuidaba. Obviamente, como era pequeño nos hacía travesuras y escondía algunas de nuestras cosas en lugares no acostumbrados. Algunas ocasiones asustó a las personas que nos visitaban; Hasta que en una ocasión durante una semana se quedaron en el departamento unas amigas, así que cariñosamente le pedimos que no se presentara ya que podía asustarlas, así que en esos días no lo vimos. Fue en marzo de 1999. El día 11 hicimos una fiesta, ya que es mi cumpleaños. Hubo muchas personas en casa y la reunión duró hasta el otro día, así que no habíamos dormido nada en toda la noche. Por fin nos quedamos solas mi amiga y yo, compartíamos la misma habitación, así que nos acostamos como a las cuatro de la tarde y dejamos encendida la televisión. Aproximadamente a las ocho de la noche sonó el teléfono y mi amiga se levantó a contestar, ya que éste se encontraba en la sala. Yo escuché claramente cuando ella contestó, era su novio quien llamaba. Recuerdo que tenía los ojos cerrados pero no estaba dormida. Pasó un rato y sentí como se hundía un poco la cama, así que abrí un poco los ojos y alcancé a ver su pijama. Yo le daba la espalda, entonces me volteo completamente para preguntarle algo (no recuerdo qué), y veo una muñeca de trapo de mi estatura (1.69 m.) de las que tienen la cabeza grande y las piernas largas y flacas, y me sonríe; comienzo a sentir un enorme miedo y trato de gritar pero no puedo. Me quiero levantar de la cama y siento como dos manos me agarran de los hombros y me presionan para no dejarme levantar. Comienzo a escuchar que la muñeca me dice “...no grites, ella no te escucha, está platicando con su novio y sabes que tardará mucho...” (generalmente sus conversaciones eran de más de una hora), y empieza a reír a carcajadas. Quiero rezar, empiezo el padre nuestro y se me olvida, ella dice “... ya ves se te olvida como rezar, porque Dios no te escucha...”. Mis intentos por rezar y por escapar son nulos, tengo abiertos los ojos y escucho a lo lejos la voz de mi amiga aún en el teléfono.

Pasó mucho tiempo y yo no lograba levantarme y seguía escuchando las risas burlonas de la muñeca. Alcance a voltear del otro lado y había un duende junto a la cama, sonriendo también. Mi miedo era enorme y estaba aterrorizada. Entonces no supe cómo, me logro zafar de las manos que me tenían acostada y salgo corriendo de la recámara; llego a la sala donde está mi amiga y quiero hablar pero no puedo; solo las lagrimas salían de mis ojos sin lograr articular palabra. Ella cuelga el teléfono y me pregunta: ¿qué te pasó?, ¡estás pálida! Yo solo podía señalar la recamara; entonces ella trata de tranquilizarme. Por fin logro decirle, llorando, que hay algo en la recamara y ella va allá. Dice que al entrar sintió escalofrío y miedo. Algo había en ese lugar. Encendió la luz y no había nada. Por fin, con mucha dificultad, le platico lo que me pasó. Siento que me duelen los hombros y ella me mira atónita, tenía marcados dedos justamente de donde me tenían agarrada.

 

LA ORACIÓN SALVADORA

 

  Nosotros somos 4 en la familia y vivíamos en Sur 73, allá por la Prado Churubusco ,en una casa que rentábamos Y que era muy vieja. En ella espantaban muchísimo, pero el colmo por el que mis papas abandonaron esa casa fue porque un día mi madre le dijo a mi papá que la acompañara a lavarse la cara al baño de la parte de abajo de la casa, porque el de arriba no servía, y mientras que mi mamá se lavaba la cara él hiciera café para cenar.   

 Eran alrededor de las 11 p.m. Entonces mi mamá se quedó en el baño lavándose la cara, mientras mi papá se dirigió a la cocina. En ese momento, mi mamá dice que sintió una especie de corriente de aire que incluso movió la cortina de la regadera. Dice no acordarse de nada más.   Después mi papá nos cuenta que escuchó la voz de mi mamá gritándole: ¡Carlos...ven por favor!, entonces mi papá le dijo que de inmediato iba, que estaba preparando el café, que lo esperara un momentito, pero ella seguía gritándole.   Entonces, mi papá dejó de hacer lo de la cocina y fue al baño preocupado de que algo le había sucedido a mi mamá; cuando llegó, vio que mi mamá lo estaba volteando a ver, pero ¡encima de ella había una imagen horrorosa!, pues sobrepuesta al cuerpo de mi mamá, estaba el espectro de una anciana harapienta y con todo el cabello erizado, como una especie de reflejo que se anteponía a su cuerpo, y le decía a mi papá, llamándole con el dedo, pero con la misma voz de mi mamá, que estaba como en trance: ¡Carlos.... ven y dame un besito...!

Naturalmente, el pavor de mi papá no se hizo esperar, y ante tal suceso, paralizado ante el miedo, lo único que pudo decir fue: ¡No, no... no eres tú!; y así se lo dijo dos veces, hasta que mi papá, aterrorizado, lo único que pensó fue en hacer una oración y mientras la hacía, la imagen del espectro fue debilitándose hasta desaparecer, produciendo en mi mamá una debilidad extrema, al punto de pensar que iba a desmayarse.    Mi papá la detuvo, y mi mamá, confundida, le preguntó qué era lo que había pasado, que sólo había sentido una especie de desvanecimiento, pero que no se acordaba de nada, ante lo cual mi papá, para no asustarla, le dijo que no le había pasado nada, que a lo mejor estaba un poco cansada. Después de esto, se subieron a la recámara.

Esa noche mi papá no quiso contarle nada. Al otro día, se lo contó a mi mamá, y al sentir tanto miedo, decidieron abandonar la casa, ya que era insoportable seguir viviendo ahí.

 

 

 

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