Otros cuentos de terror para halloween

06.10.2013 18:47

 

CUANDO LOS GATOS LLORAN

 

Ten mucho cuidado con cuando te encuentres en una situación similar…piénsalo dos veces, porque te podrías arrepentir…
Era una noche tan oscura como tantas, pero extrañamente alumbrada por aquella impresionante luna llena que emitía ese resplandor tan fuerte como una lámpara de cualquier calle…
Por un angosto y desolado camino viajaban un conductor y su acompañante…un camino en donde solo existían grandes y majestuosos robles a los alrededores…viajaban serios y sin mencionar palabra alguna, tan solo ansiando silenciosamente terminar ese recorrido de aquel oscuro y tétrico camino…
Salían de una reunión anual de egresados universitarios, dirigiéndose hacia sus casas, así comenzaron a comentar sobre la reunión para hacer algo ameno el viaje y quitar esa extraña sensación de miedo…de pronto, entre platicas y algunas risillas, a lo lejos uno de ellos logra ver entre tinieblas una polvadera inmensa, tan grande y tan espesa que parecía como si algo gigantesco hubiese chocado o volcado, el otro se percata y disminuye la velocidad, éste decide detener su automóvil ya que por tanta oscuridad y polvo temía chocar también…
Lo primero que se imaginan es que ha ocurrido un accidente y deciden bajar del auto y acercarse para ayudar en caso de encontrar a algún herido..
Conforme se van acercando, comienzan a escuchar unos sonidos muy peculiares; como aquellos que hacen los gatos cuando están en celo o cuando se dicen que están “llorando”…
Mientras mas se acercan, mas fueres y certeros se escuchan los “chillidos”…
Por tanto polvo no logran ver que es lo que ha ocurrido, así que con un aleteo de brazos tratan de abrirse vista y quitarse el polvo de enfrente…
Mientras uno sigue con el aleteo y medio tosiendo por tanto polvo, uno de ellos se queda atónito…
Cuando su acompañante logra abrirse vista lo primero que ve es a su amigo…boquiabierto con la mirada al cielo…”¿Qué estará viendo tan atónito? “…de inmediato y sin mencionar palabra alguna mira hacia la misma dirección y al igual se queda boquiabierto…pasmados y paralizados miran aterrados como dos “mujeres” que mientras flotaban dando vueltas como haciendo un remolino entre las dos, se peleaban a golpes y a tonadas!!!…los dos no podían creer lo que estaban presenciando, inmóviles e inertes se percatan también que “ellas” eran las que hacían esos “chillidos” que provocaban escalofríos…
Después de unos momentos uno de ellos reacciona y toma por el brazo a su amigo y comienzan a correr despavoridos…entre tropezones y caídas llegan al automóvil, mirando a lo lejos sin aun poder creer lo que estaba sucediendo en aquel remolino de polvo…
Tan eterno aquel momento, por fin salio el sol y ellos, se encontraban ahí, en el auto…aterrados y muertos de miedo…pero aun con vida…

Las brujas pueden tomar muchas formas; si algún día, escuchas a unos gatos “llorar”, no salgas, no intentes callarlos, y mucho menos salgas en su búsqueda tan solo para “mirar”, porque no sabes con la sorpresa que te podrías llevar…

 

NO DUERMAS CON LA VENTANA ABIERTA

 

Una triste y gris mañana de otoño, Ana y Manuel, un joven matrimonio, se dirigieron a un chalet que estaba a la venta en las afueras de la ciudad. Era grande y algo antigua, aunque la familia que vivía actualmente en ella la había restaurado.
Llegaron a la casa y picaron a la puerta. Aguardaron fuera bajo la fina lluvia que comenzaba a caer, hasta que por fin, unos segundos más tarde que a ellos se les hicieron eternos, oyeron unos pasos en el interior de la casa.
Una niña muy pálida, con aspecto de estar enferma o de haberlo estado recientemente, les abrió la puerta y les saludó educadamente:
- Buenos días, señores. ¿Qué desean?
- Buenos días, pequeña -contestó amablemente Manuel-. ¿Están tus padres? Veníamos a ver la casa.
- No, no están. Pero pasen, que yo misma les enseñaré la casa.
Ana y Manuel aceptaron, aunque les parecía extraño que los padres de la niña le dejaran invitar a desconocidos a su casa cuando no estaban ellos.
La niña, vestida con un simple camisón blanco y caminando descalza, les enseñó la casa. A ellos les pareció muy bonita, y decidieron preguntar el precio.
- ¿Tardarán mucho tus padres, pequeña? -preguntó Ana.
La niña se encogió de hombros y contestó:
- No lo sé. Pueden esperar aquí un rato hasta que vuelvan, si quieren.
Aceptaron, y la niña les invitó a que se acomodaran en el salón mientras ella les preparaba algo para beber.
Les preparó un té, y ellos, después de beberlo, esperaron aún un ratito más.
Como los padres de la niña no volvían, decidieron marchar y volver en otra ocasión. Así que se despidieron de la niña y le agradecieron su amabilidad.
- Toma -dijo Manuel, tendiéndole un trozo de papel-. Es nuestro número de teléfono. Cuando vuelvan tus padres, dáselo y diles que estuvimos aquí viendo la casa.
Salieron, y la puerta se cerró suavemente tras ellos.
Ahora llovía mucho más, y encima se había levantado la niebla, de modo que no vieron a los padres de la niña hasta que casi se chocaron con ellos, al lado de la puerta del jardín. Parecían muy tristes, y vestían enteramente de negro.
- Buenos días, señores -saludaron-. ¿Venían a ver la casa? -preguntó el padre-. Lo sentimos mucho, teníamos asuntos pendientes que no podíamos dejar de lado... Pero pasen, pasen, que les enseñaremos la casa.
- La culpa es nuestra -contestó Manuel- por no haber llamado antes para avisar... Pero no pasa nada, ya hemos visto la casa, y tenemos que decir que nos ha gustado mucho, es preciosa... Queríamos igualmente preguntarles por el precio.
Al escuchar estas palabras, los padres de la niña se asombraron y la madre exclamó:
- ¿¡Pero cómo han entrado!?
- Nos abrió su hija, y ella misma nos enseñó la casa, fue muy amable...
- Eso es imposible -contestó asustado el padre-. Acabamos de regresar del entierro de nuestra única hija, que falleció anoche por un terrible catarro, por culpa de dejar la ventana de su cuarto abierta mientras dormía...

 

LA DESPEDIDA

 

Era tarde, como las 19:30 estaba solo en mi casa con la simple compañía de mi sobrina, que en aquel entonces tenía menos de 4 años de edad. Todos se habían ido, mi mamá, mi hermana, tíos y demás familiares fueron al entierro de mi abuela, yo la quería bastante, fue como una mamá para mi, ella me crió desde muy pequeño y había pasado mucho tiempo con ella, su muerte fue muy dura para mí. No soy fanático de los cementerios ni mucho menos de la muerte por eso no fui, en fin, estaba viendo la televisión, sentado en la sala como lo hubiera hecho cualquier otro día sólo que en este viviría el miedo en carne propia

Mi sobrina estaba como loca, dando brincos y vueltas por toda la casa mientras yo me preguntaba ¿que acaso la muerte de mi abuela no fue nada para ella? pero obviamente era una niña que podía saber ella de muerte, me dispuse a no atenderla y seguir mirando la televisión, después de un buen rato como a las 9 de la noche sentí un ambiente demasiado tranquilo, por un momento dije: bueno que esa niña dejó de molestar y se durmió, pero ella no podía dormir si su mama no estaba con ella, así que me preocupé un poco pero no le puse mucha importancia, seguí viendo la televisión como si nada pasara pero la duda y más que nada el temor de que algo le hubiera pasado a mi sobrina me hicieron ir a buscarla.

Comencé a gritarle, a buscarla y después de haber buscado en los cuartos y jardín de la casa la encontré en la cocina, sentí un gran alivio pues ya me había preocupado bastante, pero me llamó la atención que cuando me acercaba a ella me percaté de que tenía la mirada hacia la pared que esta junto a la ventana de la cocina, se estaba riendo, para ser sinceros tenía una risa muy linda pero esta vez sentí tanto escalofrío al verla que preferí ignorarla y simplemente gritarle: !que haces aquí, vámonos a la sala¡ pero ella seguía como si estuviera ida mirando hacia la pared vacía, y sobre todo seguía con esa risa que nunca voy a olvidar.

Fui a donde estaba y me senté al lado de ella y le pregunté ¿qué ves? pero siguió sin responder nada, sin esperar lograr nada sentado allí con ella me dispuse a llevarla cargando a la sala, justo cuando me levanté ella dijo algo que no pude escuchar bien por que habló muy bajo y con el ruido que hice al levantarme hicieron imposible escucharlo, así que le pregunté ¿qué dijiste? ella me dijo:
Mira no se fue ahí está, al principio no sabía de que hablaba pero no pasó mucho tiempo para imaginar que podía referirse a mi abuela y sentí que mi piel se enchinaba y le dije, no, ella ya se murió no digas eso, vente, vámonos pero volvió a decir:
- no mírala ahí está, mi abuela nos está saludando, dice que te quiere mucho.
Cuando la oí sentí el miedo más horrible que he sentido en toda mi vida, sin importarme mi sobrina salí corriendo de la casa, hacia el jardín, no sabía qué hacer, me preocupó mi sobrina pero mi miedo era tan grande que la dejé ahí. Comencé a gritarle desde la puerta que se saliera de la casa pero nadie respondía, desesperado me puse a llorar, pensando en si era verdad lo que me dijo y en que haría para sacarla de ahí. La calle estaba desierta, nadie pasaba, ni mis amigos, ni vecinos, nadie y mi desesperación se acrecentaba cada vez mas así que tuve que entrar a la casa por ella pero cuando entre ella estaba en la sala, acostada en uno de los sillones, durmiendo lo cual creí lógico porque eran como las 10 de la noche, pero no había notado que estaba tapada con cobijas que estaban demasiado alto para que ella las alcanzara y mi miedo atacó todo el cuerpo, ¿no sé si han sentido como a veces la gente los mira y una sensación te hace voltear? pues eso sentí, al hacerlo grité muy fuerte pues vi en la división de la sala y el comedor a mi abuela parada viéndome con lágrimas en los ojos, no soporté el pudor, el miedo, la euforia y perdí el conocimiento.


Desperté y mi mamá estaba poniendo unas cosas en la mesita que hay junto a mi cama, cuando vio que abrí los ojos, me dijo que si me sentía bien y me preguntó qué era lo que había pasado, aun con miedo le conté lo que paso, ella no sé si lo creyó o no pero me dijo que encontró a varios de mis vecinos aquí en la casa porque decían haber escuchado un grito, y fueron a ver qué pasaba.

Supuse que mi familia llegó al poco tiempo de lo que había pasado, pero cada vez que voy solo a la cocina de mi casa el miedo me invade, por las noches no puedo dormir solo y mucho menos quedarme solo aquí en esta casa, aun que a veces pienso que no fue tan malo, tal vez mi abuela solo quería despedirse de mi...

 

 

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